1998 - ¿Qué pasa con la guerrilla de la comunicación? Un mensaje desde las profundidades rurales de Alemania - Autonome a.f.r.i.k.a. gruppe, Luther Blissett & Sonja Brünzels

From Dominios, públicos y acceso
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Versión 2.0 (todos los derechos dispersos) Este mensaje se dirige a quienes están hartos de que la política represiva llame a su puerta, que no están tan frustrados como para renunciar a una posición crítica y a una perspectiva de intervención política, y que también se niegan a creer que la política radical tiene que ser correcta, más que nada aburrida y siempre muy muy seria. También se dirige a quienes están interesados en la expresión artística y utilizan todo tipo de materiales y técnicas, ya sea la pintura mural, el tallado en madera o internet, para romper las reglas de la normalidad.

Lo envían algunas guerrillas de la comunicación provincianas como una invitación a participar, criticar, renovar y desarrollar una forma de hacer política que exprese la sangrienta seriedad de la realidad de tal modo que no se adormezca inmediatamente nuestro lado más hedonista. Por supuesto, esto es una contradicción en sí misma: ¿Cómo se puede ser ingenioso en una situación de creciente racismo, control estatal y decadencia del estado de bienestar, entre otras cosas? Por otro lado, ni siquiera Karl Marx postuló que el aburrimiento fuera revolucionario.

El punto de partida de nuestras reflexiones en torno a la guerrilla de la comunicación fue una visión trivial de nuestra propia experiencia política: la información y la educación políticas son completamente inútiles si nadie está interesado. Tras años distribuyendo folletos y panfletos sobre todo tipo de desgracias, organizando charlas informativas y publicando textos, hemos llegado a cuestionar la habitual creencia radical en el poder y la gloria de la información. ¿Tiene realmente sentido asumir la actitud de un profesor de primaria mientras los niños se han convertido en skinheads, holgazanes o se han unido a la carrera de ratas?

La política radical tradicional se basa fuertemente en el poder de persuasión del argumento racional. La confianza en que la simple presentación de información representa una forma efectiva de acción política es casi inquebrantable. Se supone que el contenido crítico y la difusión sin trabas de la “verdad” son suficientes para romper la red de mensajes manipuladores con los que los medios de comunicación influyen en la conciencia de las masas. Si bien desde la declaración del Posmodernismo se ha vuelto un poco complicado insistir en La Verdad Única, el principal problema de la concepción tradicional de la comunicación en la política radical es la aceptación de la idea: “quienquiera que posea los medios de emisión puede controlar los pensamientos de los humanos”. Esta hipótesis proviene de un modelo de comunicación muy simple que solo se enfoca en el “emisor” (organizado generalmente, en el caso de la comunicación de masas, de manera industrial y centralizada), el “canal” que transporta la información y el “receptor”. La euforia en torno a la sociedad de la información, así como su oposición pesimista (preocupada por el exceso de información) no enfrentan el problema crucial de los ciudadanos de las democracias representativas: los hechos y la información, incluso si se vuelven moneda corriente, no tienen consecuencia alguna. Asumámoslo, incluso si se publican historias de desastres e injusticias, escándalos sociales y ecológicos, la respuesta es casi nula.

Todo el mundo sabe que la capa de ozono está desapareciendo. Todo el mundo sabe que los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres… Para nosotros que creemos en el comunismo es difícil entender por qué este conocimiento no conduce a la revolución y a un cambio fundamental, pero definitivamente no lo hace ;-)

Las reflexiones sobre las interrelaciones entre la recepción de información, el conocimiento y las opciones para actuar dentro de un contexto social dado han abordado cómo la información adquiere significado y se vuelve así socialmente relevante. La información per se no tiene significado ni consecuencias, ambos se crean solo a través de la recepción activa y la esfera de acción de la audiencia. Pero esta simple banalidad raramente ha sido tomada en consideración en el marco de la política radical.

La guerrilla de la comunicación no se centra en argumentos y hechos como la mayoría de los folletos, panfletos, eslóganes o pancartas. Habita a su modo una posición política militante, actúa directamente en el espacio de la comunicación social. Pero a diferencia de otras posiciones militantes (donde la piedra alcanza el escaparate), no tiene como objetivo destruir los códigos y signos del poder y el control, sino distorsionar y desfigurar sus significados como una forma de contrarrestar el parloteo omnipotente del poder.

Las guerrillas de la comunicación no tienen la intención de ocupar, interrumpir o destruir los canales de comunicación dominantes, sino de desviar y subvertir los mensajes que viajan a través de ellos.

¿Pero hay algo nuevo en todo esto? A fin de cuentas ya estaban los dadaístas de Berlín, los indios metropolitanos en Italia, los situacionistas. Las raíces de la guerrilla de la comunicación se remontan a personajes legendarios como el soldado habsburgo Švejk y el sabio tonto, Till Eulenspiegel. Siguiendo los pasos de las vanguardias de antaño, no intentamos presumir de la invención de una nueva política o la fundación de un nuevo movimiento. Más bien, la guerrilla de la comunicación es una incesante exploración de la jungla de los procesos de comunicación, de los confusos senderos sin desbrozar de emisores, códigos y receptores. El método de esta exploración es observar no solo lo que se dice, sino focalizarse en cómo se dice. El objetivo es una crítica práctica y material de las estructuras mismas de la comunicación como bases de poder y gobierno.

El sistema burgués toma su fuerza, entre otras cosas, de la capacidad de incluir la crítica. Un gobierno necesita una oposición, cada opinión debe ser equilibrada con otra, el concepto de democracia representativa se basa en la ficción del intercambio igualitario. Toda crítica que no destruya de manera fundamental la legitimidad del sistema gobernante, tiende a formar parte de él. La guerrilla de la comunicación es un intento de intervenir sin ser absorbido por el discurso dominante. Buscamos maneras de involucrarnos en las situaciones, rechazando al mismo tiempo cualquier participación constructiva.

Las relaciones de poder tienden a parecer normales, incluso naturales y ciertamente inevitables. Están inscritas en las reglas del día a día. Las guerrillas de la comunicación quieren crear esos breves y brillantes momentos de confusión y distorsión, momentos que nos digan que todo podría ser completamente diferente: una utopía fragmentada como germen del cambio. Frente al orden simbólico de las sociedades capitalistas occidentales que se construye en torno a discursos de racionalidad y conducta racional, la guerrilla de la comunicación se apoya en la potente posibilidad de expresar una crítica fundamental a través de la no verbalidad, lo paradójico, lo mítico.

Para que quede claro: la guerrilla de la comunicación no pretende sustituir a la crítica racional de la política dominante y la cultura hegemónica, ni tampoco reemplazar a la contrainformación, sino crear posibilidades adicionales de intervención. Aunque no debe ser malinterpretada como si fuera la guinda del pastel que simplemente se agrega al duro trabajo de la política “real” y la acción material directa.

En su búsqueda de semillas de subversión, la guerrilla de la comunicación trata de retomar las contradicciones que se esconden en situaciones aparentemente normales y cotidianas. Intenta distorsionar la normalidad abordando esos deseos no expresados que se suelen silenciar por las reglas de conducta omnipresentes, reglas que definen los modos de comportamiento socialmente aceptables así como las formas “normales” de comunicar e interpretar. Solo por mencionar un simple ejemplo, la mayoría de la gente dirá que no está bien eludir el pago del billete aunque exista la sensación generalizada de que el transporte público es demasiado caro. Sin embargo, si algunos guerrilleros de la comunicación con ocasión de un evento público importante como el funeral de Lady Di consiguen distribuir anuncios falsos anunciando que, para participar, el transporte público será gratuito, la posibilidad de reducir los gastos puede tentar incluso a quienes dudan de la autenticidad del anuncio.

Las guerrillas de la comunicación atacan las relaciones de poder que están inscritas en la organización social del espacio y el tiempo, en las normas y los modales, en el orden de la conducta y el discurso públicos. En cualquier parte de la “Gramática Cultural” de una sociedad existen legitimaciones y naturalizaciones del poder y la desigualdad económica, política y cultural. Las guerrillas de la comunicación utilizan el conocimiento de la “Gramática Cultural” que es accesible a todo el mundo para causar molestias distorsionando las reglas de la normalidad. Es precisamente este tipo de molestias las que ponen en cuestión aspectos en apariencia naturales de la vida social al hacer visibles las relaciones de poder ocultas y ofrecer la posibilidad de deconstruirlas. Utilizando un término acuñado por Pierre Bourdieu, se podría decir que la guerrilla de la comunicación apunta a una expropiación temporal del Capital Cultural, a una perturbación de la economía simbólica de las relaciones sociales.

¡Vaya a internet, experimente el futuro! Muchas guerrillas de la comunicación sienten un extraño afecto por vivir en las regiones apartadas de la sociedad del capitalismo tardío. En el ámbito de la comunicación esto provoca una inclinación hacia el uso y abuso de Medios Obsoletos como vallas publicitarias, libros y periódicos impresos, el cara-a-cara, mensajes embotellados, anuncios oficiales, etc. (Incluso el fabuloso Hakim Bey ha abogado recientemente por el uso de medios obsoletos como medios de subversión: Hakim Bey, “Outdated Media”, en Running Idle, Nueva York 1995? Desafortunadamente, todavía no hay traducción al alemán y el original en inglés es difícil de conseguir. Como referencia solo tenemos una edición italiana: A Ruota Libera, Castelvecchi, Roma 1996). Por tanto no es de extrañar que las guerrillas de la comunicación se muestren escépticas hacia las muchas exageraciones que circulan en y sobre internet.

Por supuesto, apreciamos ideas como la ausencia absoluta de control estatal, la oposición al copyright, la libre producción de ideas y bienes, el libre flujo de información y de personas a través de todas las fronteras, tal y como han sido expresadas en la libertad-y-aventura de la ideología en red californiana: el liberalismo conduciéndonos directamente al hiperespacio. Pero también sabemos que el neoliberalismo real no es exactamente así, sino más bien libertad para los mercados y control para el resto. Se ha vuelto obvio además que internet no es un espacio virtual de libertad al margen del control estatal y corporativo. Tememos que las oportunidades todavía existentes de libre intercambio, las líneas de transmisión de información lejos del control policial, y los rincones de la red que se rigen por la economía del don y no por la comercialización, desaparecerán. La estética de internet no será dictada por los ciberpunks, sino por la autopresentación corporativa con el trasfondo de miríadas de idiotas de clase media exhibiendo en homepages patrocinadas por las empresas sus dulces hogares, sus dulces y adorables chiquitines y sus gnomos de jardín.

Las estructuras y los problemas de comunicación en la red no difieren fundamentalmente de los que se encuentran en otros lugares, al menos no tanto como la publicidad exagerada sobre la red quiere hacernos creer. Un producto del pensamiento red como la “Economía de la atención” de Michael Halberstedt parte de un punto bastante trivial: los destinatarios potenciales son libres de filtrar y descartar mensajes. (¡Pero pueden hacer mucho más con ellos!). Y no hacen esto principalmente según el contenido, sino utilizando criterios que pueden concebirse en términos de Gramática Cultural y Capital Cultural. Esto es totalmente evidente para cualquiera (excepto los militantes del SWP) que haya distribuido alguna vez panfletos a la gente por la calle, aunque la prensa mercenaria parece haber descubierto este hecho solo desde que la red ofrece a todo el mundo la posibilidad de distribuir ampliamente cualquier tipo de información. Dicho de manera sencilla: los problemas básicos de comunicación son los mismos a ambos lados de la frontera electrónica.

Teniendo en cuenta la influencia de los contextos sociales y culturales en el proceso de comunicación, las guerrillas de la comunicación son escépticas hacia las versiones de la política y la crítica de la red que creen ciegamente en el poder y la gloria de la información. “Acceso para todos” y “Ancho de banda para todos” son demandas legítimas para que la red sea algo más que un patio de recreo elitista de las clases medias. En el futuro, el acceso a medios de comunicación adecuados puede incluso convertirse en una necesidad vital y cotidiana. Pero la información y la comunicación no son fines en sí mismos, ante todo constituyen un terreno cada vez más importante de lucha social, política y cultural. Dentro y fuera de la red, las guerrillas de la comunicación buscan atacar las relaciones de poder insertas en la estructura de los procesos de comunicación. En los albores del capitalismo informacional, tales ataques se convierten en algo más que un método o una mera tecnología de activismo político. Cuando la información se convierte en mercancía y el Capital Cultural en un activo de lo más importante, la distorsión y la devaluación de ambos es un ataque directo contra el sistema capitalista. Para decirlo de una manera pomposa, esto es la Guerra de Clases.

Los intentos cada vez mayores de vigilar la red, de establecer su control estatal y empresarial, paradójicamente, aumentarán su atractivo como campo de operación de las guerrillas de la comunicación. Posiblemente entonces, incluso aquellos de nosotros que hoy ni siquiera tenemos un PC, nos conectaremos. Las farsas y los falsos rumores dentro y fuera de la red pueden ayudar a contrarrestar la mercantilización y el control estatal, después de todo, internet es un área ideal para la producción de rumores e imposturas. Y por supuesto, si se dispone de conocimiento tecnológico, existen innumerables oportunidades para falsificar o secuestrar dominios y páginas web a fin de estropear y distorsionar el flujo de información. La guerrilla de la comunicación se basa en la naturaleza hipertextual de los procesos de comunicación. (También un periódico o una señal de tráfico tienen muchos enlaces cruzados a otros fragmentos del “texto social”, no puede existir ningún medio que transporte sin más texto en bruto). Las guerrillas de la comunicación distorsionan conscientemente estos vínculos cruzados con el objetivo de recontextualizar, criticar o desfigurar los mensajes originales. En la red los aspectos hipertextuales de la comunicación han pasado por primera vez a primer plano, y el hipertexto en red ofrece fascinantes posibilidades para todo tipo de bromas. (Imagine un hacker abandonando la página web de, por ejemplo, la CIA —no de una “ Central Stupidity Agency” clara y directa (véase http:// www.2600.com/cia/p_2.html)— tras haber modificando simplemente algunos de los enlaces mientras deja todo lo demás como antes. Se podrían hacer cosas terribles de este modo…).

No obstante, la fascinación de esas posibilidades no debe conducir a una reducción tecnocentrista del campo de visión. La figura mítica del hacker representa una guerrilla dirigida hacia la manipulación de la tecnología pero ¿con qué fin? El hacker consigue el control temporal de una línea de comunicación pero la mayoría de los hackers están interesados sobre todo en dejar un Graffitti Web o simplemente en “hacerlo” (véase el Museo Hacker, http://www.2600.com). Otros, sin embargo, redescubren las prácticas de guerrilla de la comunicación de la antigüedad. Recientemente en <nettime>, el net-artista Heath Bunting se incluyó a sí mismo en una reseña falsa (Heath Bunting: Wired or Tired? http://www.desk.nl/~nettime/ ), reinventando así un método que ya habían utilizado Marx y Engels cuando falsificaron críticas condenatorias de economistas de primer orden para llamar la atención sobre El capital.

Las guerrillas de la comunicación están además fascinadas por las posibilidades que ofrece internet en un sentido bastante diferente. Más allá de su realidad, LA RED es un mito urbano, quizás, el más fuerte y vital de todos. El discurso social concibe LA RED como el lugar donde la gente, los placeres, el sexo y los crímenes del mañana ya tienen lugar. ¡Ve a internet, aprende del futuro! Los miedos y deseos se proyectan en LA RED. Este es el lugar mítico donde podemos ver el futuro de nuestra sociedad… Paradójicamente, el don de la profecía atribuido a la red da credibilidad a cualquier información que ahí circule. El “mundo real” se la cree porque proviene del reino de la virtualidad y no a pesar de ello.

En las regiones apartadas de Alemania existía un juego de larga data llamado “La Invención de los Días del Caos”. El juego era, de hecho, bastante simple: alguien ponía una nota en la red diciendo que en el día D todos los punks de Alemania se unirían en la ciudad XY para transformarla en un montón de escombros. Se hacía el anuncio y se distribuían unos cuantos panfletos (digamos una docena) a los sospechosos habituales. Ese mismo día, procesiones de periodistas mercenarios de todo tipo se encontraban con multitud de escuadrones de protesta de toda Alemania en su camino hacia XY. Una vez más las fuerzas del orden público iban en camino para proteger nuestra civilización contra los poderes de la oscuridad.

No mencionamos en detalle las innumerables ocasiones en que periodistas, funcionarios estatales, servicios secretos, etc. fueron engañados por falsos rumores que circulaban en la red. Por ejemplo, la principal agencia de noticias alemana, DPA, se tragó el cuento de la página web de una corporación falsa que ofrecía clones humanos, incluidas réplicas de Claudia Schiffer y Sylvester Stallone. También este efecto puede ser reproducido. La siguiente fue la broma sobre “ourfirsttime.com”(http://www.ourfirsttime.com). No hay mucho peligro de que los periodistas mediocres se enteren.

La red es un bonito patio de recreo para las Guerrillas de la Comunicación. Pero nosotros, apartados allá afuera, les decimos a aquellos que viven en los paisajes red de la comunicación electrónica: no olvideis caminar y hablar como queráis por la jungla de las calles, de visitar los paisajes devastados de los medios obsoletos, de ver y sentir el espacio y el poder y el control del capitalismo. Así siempre recordareis para qué diablos sirven todas las bromas.

Contexto

En palabras del “autonome a.f.r.i.k.a. grouppe” el comunicado What about Communication Guerrilla? apareció en “the net-time-bible” el 16 de septiembre de 1998, tras una primera versión que había sido enviada el 16 de febrero de ese mismo año también a Nettime. Fue incluido en los ZKP4 de 1999, Readme! Ascii Culture and the Revenge of Knowledge (Nueva York, Autonomedia), en Subsol y su Anarchitexts: A Subsol Anthology editada por Joanne Richardson (2003), en Sniggle.net: The Culture Jammer’s Encyclopedia, en Indymedia… El grupo, junto a las identidades múltiples de Luther Blissett y Sonja Brünzels, habían publicado en 1997, Handbuch der Kommunikationsguerilla (Verlag Libertaere Assoziation, Hamburgo), un Manual de Guerrilla de la Comunicación (Barcelona, Virus) que ha sido traducido a varios idiomas.

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Autoras

Fuentes

Enlaces

URL:

Wayback Machine: https://web.archive.org/web/20031103214120/http://www.nettime.org/Lists-Archives/nettime-l-9809/msg00044.html